miércoles, 22 de febrero de 2012

Cántamelo bajito


Cántame bajito,
Cuéntame un cuento,
Inventa una historia.

Que las luciérnagas no envidien la luz de nuestro amor, que el viento no ose soplar en dirección contraria, que la depresión no aplaste todo lo que siento. Solo dímelo a mí, que si para nadie eres perfecto, yo quiero ser tu nadie.

Cántamelo bajito, una y otra vez para que nadie se entere. De ti me alejo y a ti vuelvo, que patética soy. De ti me despido y a ti te saludo. Llévame a una acera y observa mis miedos, mis manos que tiemblan, mi corazón que no late, mi piel que no siente, mis ojos que no miran, mi boca rota, mi rostro, mis sueños, las alas que me nacen bajo la tristeza, y no me ames por mi debilidad. Tómame si quieres, si puedes; y hazme fuerte.  

No quiero drogas, no quiero alcohol, no quiero un café, no quiero un tabaco, no te quiero pero a veces me haces bien, y me gusta tu compañía, no te puedes conformar con eso? Debe ser humillante lo que te pido, producto de mi locura, de mi estupidez y masoquismo. Me gusta jugar, me gusta que me hagan reír, me gusta oír, me gusta saber. Me dejas saberte? No me respondas. No quiero seguir enloqueciendo más, y coger una soga para atarme a ti o ahorcarme con tus palabras. No pedí que nadie venga, y tampoco me gusta estar aquí. Indecisa como siempre, solo mírame desde tu silla, y escúchame. No quiero estar aquí, ni verte. Se me acabaron las palabras y el tiempo se alejó de mi por un instante que hubiera podido consumirse en una lagrima o en un beso, y como sea .. Yo por mi parte me levanto de esta mesa, tiro los vasos, derramo amargura en tu camiseta y me voy.

Camino una distancia, solo vine para despedirme de ti, pero esta despedida va en serio. Tenía sobre mis jeans mi localizador, y un mensaje que decía “me gustaría verte”, entonces hui de ti, hui de todo lo que me recuerda a quien amo, para estar con esa persona y no con personas que me recuerdan a él en ciertos momentos. Hui y camine pisadas de gente extraña. Pensé por donde los demás ya habían pensado y quedaron sus ideas suspendidas. Abrí el cara de libro y le dije adiós al extraño que encontré un día en la calle y que me dedicaba versos intensos. Cogí un papel y borre al mesero de versos más sutiles, para nada entretenido. Y camine, camine por mucho. Subí rápidamente las malditas escaleras que él no puede subir, llegue y lo vi. Estaba en la cama con la luz encendida. Le dije “hola, que gusto verte” y él dijo “HOLA” con una sonrisa sorda y sus ojos de uva. Ni poco o mucho, lo que se dice es suficiente para los dos y lo que se desea, pero se dice a veces, es lo que guardamos y lo sabemos sin decirlo. Raros somos. Con la luz encendida y frente a él, le dije “Mira con la luz encendida, cierra tus ojos, y ahora ábrelos. Ves que pasas de la oscuridad a la luz en un instante?” De eso se trata estar despierto o durmiendo, como la vida o la muerte – dijo.  Proseguí; “ahora voy a apagar la luz. Mantén los ojos abiertos, ahora ciérralos y ábrelos de nuevo. Te das cuenta que no hay diferencia? La vida en confusa a veces, el dolor o la alegría son indiferenciables, porque lo que el dolor es una forma transformable de alegría” te quiero – el susurro. Yo lo bese en ese instante, y dije “te beso en la oscuridad para que me sueñes con los ojos abiertos, y me imagines con los ojos cerrados”, él dijo: seguiré la luz de tus ojos. Y le respondí “yo beberé de los tuyos”.

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