Cántame bajito,
Cuéntame un cuento,
Inventa una historia.
Que las luciérnagas no envidien
la luz de nuestro amor, que el viento no ose soplar en dirección contraria, que
la depresión no aplaste todo lo que siento. Solo dímelo a mí, que si para nadie
eres perfecto, yo quiero ser tu nadie.
Cántamelo bajito, una y otra vez
para que nadie se entere. De ti me alejo y a ti vuelvo, que patética soy. De ti
me despido y a ti te saludo. Llévame a una acera y observa mis miedos, mis
manos que tiemblan, mi corazón que no late, mi piel que no siente, mis ojos que
no miran, mi boca rota, mi rostro, mis sueños, las alas que me nacen bajo la
tristeza, y no me ames por mi debilidad. Tómame si quieres, si puedes; y hazme
fuerte.
No quiero drogas, no quiero
alcohol, no quiero un café, no quiero un tabaco, no te quiero pero a veces me
haces bien, y me gusta tu compañía, no te puedes conformar con eso? Debe ser
humillante lo que te pido, producto de mi locura, de mi estupidez y masoquismo.
Me gusta jugar, me gusta que me hagan reír, me gusta oír, me gusta saber. Me
dejas saberte? No me respondas. No quiero seguir enloqueciendo más, y coger una
soga para atarme a ti o ahorcarme con tus palabras. No pedí que nadie venga, y
tampoco me gusta estar aquí. Indecisa como siempre, solo mírame desde tu silla,
y escúchame. No quiero estar aquí, ni verte. Se me acabaron las palabras y el
tiempo se alejó de mi por un instante que hubiera podido consumirse en una lagrima
o en un beso, y como sea .. Yo por mi parte me levanto de esta mesa, tiro los
vasos, derramo amargura en tu camiseta y me voy.
Camino una distancia, solo vine
para despedirme de ti, pero esta despedida va en serio. Tenía sobre mis jeans
mi localizador, y un mensaje que decía “me gustaría verte”, entonces hui de ti,
hui de todo lo que me recuerda a quien amo, para estar con esa persona y no con
personas que me recuerdan a él en ciertos momentos. Hui y camine pisadas de
gente extraña. Pensé por donde los demás ya habían pensado y quedaron sus ideas
suspendidas. Abrí el cara de libro y le dije adiós al extraño que encontré un día
en la calle y que me dedicaba versos intensos. Cogí un papel y borre al mesero de
versos más sutiles, para nada entretenido. Y camine, camine por mucho. Subí rápidamente
las malditas escaleras que él no puede subir, llegue y lo vi. Estaba en la cama
con la luz encendida. Le dije “hola, que gusto verte” y él dijo “HOLA” con una
sonrisa sorda y sus ojos de uva. Ni poco o mucho, lo que se dice es suficiente
para los dos y lo que se desea, pero se dice a veces, es lo que guardamos y lo
sabemos sin decirlo. Raros somos. Con la luz encendida y frente a él, le dije “Mira
con la luz encendida, cierra tus ojos, y ahora ábrelos. Ves que pasas de la
oscuridad a la luz en un instante?” De eso se trata estar despierto o durmiendo,
como la vida o la muerte – dijo. Proseguí;
“ahora voy a apagar la luz. Mantén los ojos abiertos, ahora ciérralos y ábrelos
de nuevo. Te das cuenta que no hay diferencia? La vida en confusa a veces, el
dolor o la alegría son indiferenciables, porque lo que el dolor es una forma
transformable de alegría” te quiero – el susurro. Yo lo bese en ese instante, y
dije “te beso en la oscuridad para que me sueñes con los ojos abiertos, y me
imagines con los ojos cerrados”, él dijo: seguiré la luz de tus ojos. Y le respondí
“yo beberé de los tuyos”.
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